El electorado rechazó las estrategias basadas en el espectáculo y el ridículo, priorizando propuestas sobre el histrionismo mediático actual.
El panorama de las elecciones 2026 ha dejado una lección clara sobre el comportamiento del elector peruano frente a las campañas mediáticas.
A diferencia de décadas pasadas, el uso del espectáculo y el histrionismo no garantizó el éxito en las urnas.
En los años 90, la figura de Susy Díaz logró una curul utilizando una estrategia disruptiva y personalista para captar votos.
Sin embargo, en este proceso electoral, los aspirantes que intentaron emular dicha fórmula solo consiguieron aumentar su número de seguidores en redes sociales.
El análisis de los resultados revela que la saturación de contenidos similares anuló el factor de diferenciación entre los postulantes.
La audiencia actual ya no se sorprende ante el escándalo, pues lo que antes era novedoso hoy se considera común.
El fracaso en elecciones 2026
Uno de los casos más notorios fue el de Iván Hernández, candidato al Senado por Áncash con el partido Perú Primero.
Pese a sus constantes bailes y cantos en la plataforma TikTok, el aspirante alcanzó apenas la cifra de 1,083 votos.
En una situación similar se encontró Lía Valderrama, de la alianza de izquierda Venceremos, conocida como la “Chilindrina izquierdista”.
Su estrategia de disfraces y danzas solo le permitió obtener 211 votos, quedando fuera de la cámara de diputados.
Incluso figuras con trayectoria en el fútbol y alta exposición mediática, como Waldir Sáenz, sufrieron el rechazo en las urnas.
El exjugador de Alianza Lima, postulando por el partido PRIN, obtuvo solamente 73 votos a nivel nacional.
Partidos pequeños y la barrera electoral
La mayoría de estas candidaturas pertenecían a organizaciones políticas con escasa intención de voto en las encuestas previas.
Agrupaciones como el Partido Demócrata Verde o Sí Creo no lograron superar la valla electoral necesaria.
El analista político Santiago Bedoya sostuvo que el mercado electoral se sobresaturó de candidatos buscando atención mediante el ridículo.
Con 36 organizaciones políticas y casi 11,000 candidatos, el entretenimiento dejó de ser una herramienta política efectiva.
Un caso particular fue el de Diego Shotbridge, conocido como el ‘Tío Kung Fu‘, quien obtuvo 8,618 votos.
Aunque su cifra fue superior a la de otros candidatos histriónicos, no pudo asumir el cargo por el fracaso de su partido.
El rechazo al comportamiento errático en elecciones 2026
El histrionismo también derivó en episodios de pérdida de cordura durante transmisiones en vivo y entrevistas.
Richard Cisneros, conocido como ‘Richard Swing’, protagonizó altercados que afectaron su imagen pública antes del día de la votación.
Cisneros, quien postulaba al Senado con el número 13, apenas recibió 1,193 votos tras sus polémicas apariciones.
Su cercanía con figuras políticas cuestionadas y su actitud confrontacional no lograron conectar con el electorado nacional.
Incluso políticos con experiencia, como Patricia Chirinos, intentaron replicar tácticas de campaña de años anteriores sin éxito real.
La falta de novedad y la imposibilidad de escandalizar a un público ya habituado a estas conductas marcaron el final de estas aspiraciones.
Al cierre de la primera vuelta de las elecciones 2026, queda en evidencia un castigo hacia los denominados candidatos “figurettis”.
El voto popular se inclinó por desplazar a quienes utilizaron el Congreso como una plataforma de mofa personal.
Fuente: Willax Noticias, 23/04/26
